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Solaris, Europa quiere obtener energía solar en el espacio y enviarla a la Tierra [VÍDEO]

Solaris es el plan que la ESA propone para lanzar al espacio cientos de satélites con paneles solares que permitirían la descarbonización de Europa.

Los paneles solares sólo pueden generar energía durante el día y gran parte de la luz solar es absorbida por la atmósfera antes de que llegue a la Tierra. Frente a estos obstáculos, la solución más ambiciosa, compleja y revolucionaria pasa por recoger la energía solar en el espacio y transportarla a la superficie.

Es lo que se conoce como energía solar espacial (SBSP por sus siglas en inglés), que la Agencia Espacial Europea (ESA) plantea como la gran baza a nivel tecnológico para lograr la ansiada descarbonización total en 2050.

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Un viejo anhelo

A un nivel básico, el proyecto consistiría en lanzar decenas de satélites a gran altura, donde la luz solar es 10 veces más intensa que sobre la superficie terrestre, al menos en hemisferio norte. En el lugar donde se desplegaría la constelación no hay noche ni nubes que interfieran, por lo que estos dispositivos estarían permanentemente orientados hacia el sol para captar toda la energía posible, que después se emitiría a través de microondas hacia la Tierra. También sería una opción de futuro para ‘enviar’ energía a los futuros hábitats humanos en la Luna y Marte.

Pero, como decíamos al principio, no es nada nuevo. Entre 1978 y 1986, el Congreso de EEUU ya autorizó al Departamento de Energía (DoE) y a la NASA a investigar conjuntamente el concepto, para lo que fue necesaria una inversión de 50 millones de dólares. A pesar de los esfuerzos de los técnicos y científicos encargados del programa, los resultados obtenidos no fueron suficientes para lograr la continuidad del proyecto.

Uno de los proyectos de energía solar espacial
Uno de los proyectos de energía solar espacial

Tampoco ayudó el cambio en la presidencia de EEUU, que pasó de Jimmy Carter a Ronald Reagan en 1980. Tras sucesivas polémicas, la Oficina de Evaluación Tecnológica llegó a la conclusión de que «en la actualidad se sabe muy poco sobre los aspectos técnicos, económicos y medioambientales de los satélites de energía solar para tomar una decisión sólida sobre su desarrollo e implantación».

Aún así, la idea no ha dejado de generar nuevas iniciativas, tanto en EEUU como en potencias como China, India o Japón, que buscan en este tipo de producción de energía una alternativa para la creciente demanda de unas poblaciones cada vez más numerosas y exigentes.

Pese a todos los esfuerzos, las tecnologías necesarias para construir y lanzar una constelación de satélites que aprovechen la energía solar y la redirijan a la Tierra están todavía en sus primeras fases de desarrollo. La ESA busca desde hace años acelerar y dinamizar este sector multidisciplinar, por lo que realizó un concurso de ideas en 2021 y encargó dos estudios independientes a principios de este año para valorar los posibles costes y beneficios de la energía solar espacial.

Los estudios se han completado recientemente y ambos han concluido que esta tecnología «podría suministrar electricidad a precios competitivos a los hogares y empresas europeas en 2040, desplazando a las fuentes de energía de combustibles fósiles y complementando las energías renovables existentes, como la solar fotovoltaica y la eólica, reduciendo la necesidad de soluciones de almacenamiento a gran escala», según recoge la página web de la ESA.

Producción masiva

El objetivo final de este proyecto Solaris sería producir entre una cuarta y una tercera parte de la demanda total de electricidad de Europa, que actualmente se sitúa en unos 3.000 TW al año. Eso sí, la construcción y el despliegue de un plan tan ambicioso implicaría un gasto de cientos de miles de millones de euros, algo que en el contexto económico actual no parece sencillo.

Estos satélites necesarios para captar energía solar estarían situados a 36.000 km de nuestro planeta y tendrían una masa diez veces mayor que la de la Estación Espacial Internacional, que pesa 450 toneladas. Conviene recordar en este punto que para el montaje de la ISS en la órbita baja de la Tierra se necesitó más de una década. Así, estas cifras supondrían la necesidad de realizar cientos de lanzamientos de cohetes pesados, tan costosos como contaminantes.

Los obstáculos para llegar hasta ahí son numerosos y la cantidad de desarrollos tecnológicos necesarios para superarlos, también. De hecho, tampoco hay unanimidad entre la comunidad científica en cuanto a la viabilidad y eficiencia de este tipo de proyectos, por más que se considere una de las pocas alternativas a la actual producción energética mundial y la necesidad de reducir los gases de efecto invernadero.

Entre los críticos de la energía solar espacial está el mismísimo Elon Musk, tan sutil como siempre. En una de sus diatribas aseguró que «es la cosa más estúpida […]. Es súper obvio que no va a funcionar. Tiene que ser mejor que tener paneles solares en la Tierra. Con un panel solar en órbita, obtienes el doble de energía solar, pero tienes que hacer una doble conversión: fotón a electrón a fotón, y de nuevo a electrón. ¿Cuál es su eficiencia de conversión? En total, te va a costar mucho llegar al 50%. Pon mejor esa placa solar en la Tierra».

Los informes encargados por la ESA pretenden despejar algunas de las dudas y reticencias en torno a esta revolucionaria forma de generar energía. En eso consiste básicamente Solaris, una investigación a fondo sobre la viabilidad técnica y los costes asociados a esta tecnología para que los líderes de la UE puedan tomar en 2025 una decisión definitiva sobre si apostar o no por la energía solar espacial.

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